Entonces llegó el día en que alertaron a la población, había que dejarlo todo y trasladarse a cualquier ciudad del norte del continente para estar a salvo de las radiaciones solares y la sequía, claro está que el estado proporcionaría transporte gratis al destino elegido por cada uno. Estuve llorando toda la noche, abrazada a Pedro que no podía consolarme en medio de sus propias lágrimas. Tuve que tomármelo con toda la frialdad de la que pude hacer acopio, total sólo eran sitios, lugares, cosas… sí, pero todos ellos llenos de recuerdos, con una parte de nosotros mismos, una parte de nuestra historia individual.
Las carreteras no estaban en muy buen estado pero podríamos llegar con pocas complicaciones. Cada uno nos habíamos conseguido uno de esos trajes especiales que hay ahora contra el sol. Resulta bastante duro decirlo así. Conozco a niños que nunca han visto una puesta de sol, que no tienen ni idea de la belleza que contenían, sólo por medio de algunos libros cuando los leen les parecen antiguallas y se ríen de algo que les parece tan inconcebible. El sol, nunca significó gran cosa para mí, hasta que un día empecé a perderlo; el sol, que nos da la vida y gracias a ella ahora nos está destruyendo.
De nuevo volvió el ataque de llanto cuando llegamos, todo seguía tan igual, solamente, como dije antes, vacío. Dimos una vuelta por toda la ciudad, algunos edificios, los más viejos, se habían derrumbado, la gran mayoría dejaba ver su descuido de tantos años, ¿habría vuelto alguien más durante todo aquel tiempo para verla de nuevo? Era como uno de esos antiguos pueblos fantasma de las viejas películas del oeste, sólo que no podíamos salir del coche sin los trajes protectores, luego fuimos a mi casa, todo seguía igual como si volviera del trabajo antes de la catástrofe natural. Ahora sigo escribiendo desde aquí, desde mi casa, ya hemos ido a casa de Pedro también, él dice que nunca podremos salir de aquí, que sólo nos queda esperar la muerte, aunque yo no soy tan pesimista, o quizás sí, porque todo esto lo escribo por si algún día alguien decidiese seguir nuestros pasos y nos encontrase, o por si algún día toda esta desolación tiene un final feliz repleto de agua e invierno. Las esperanzas no se evaporan muy rápido con el calor y casi no nos queda agua, deberíamos haberle hecho una revisión más a fondo al coche, ya es demasiado tarde.
25/07/95
lunes 27 de julio de 2009
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