martes 5 de agosto de 2008

Ella tiene un billete de viaje II

Ese día estuve pensando muchas veces lo que había sucedido. No acababa de asimilar mi torpeza, cómo pudo darse cuenta, tan cegado estaba con esa obsesión. ¿Diría en serio lo de quedar? Decidí evitarla todo lo que fuese posible pero cada vez que nos cruzábamos me saludaba efusivamente dejándome cortado.
No era como las demás, despedía una fuerte atracción que hacía que todos la siguiésemos con la mirada, o por lo menos casi todos. Su ropa no era especial, no iba a la última moda, ni siquiera le preocupaba. Quizás sabía que nadie se fijaba jamás en lo que llevaba puesto si no que todos miraban el conjunto sin percatarse de detalle alguno. Estudiaba un curso más que yo, aunque parecía atemporal ya me lo había imaginado, más que nada por la gente con la que iba.
Una vez al salir de clase me alcanzó por una calle y empezó a hablar conmigo. Yo me quedé sorprendido por su forma tan resuelta de asaltarme pero decidí mostrarme tal y como era aunque por la vergüenza me resultase difícil.
- Estoy harta de las matemáticas ¿a ti te gustan? Yo verdaderamente las odio, no sé cómo demonios voy a aprobarlas.
- Yo… No, no me gustan mucho, prefiero la física aunque no se me da muy bien.
- Hombre, si sabes hablar, creí que ibas a hacer como siempre y te ibas a estar calladito.
- Sí, sé hablar.
- ¡Oh, milagro! Y ese que habla tanto ¿cómo se llama?
- Julio.
- Bonito nombre, yo soy Babilas, por si te interesa.- Alargó la mano amigablemente, una corriente de magia corrió entre los dos cuando se la estreché.
Seguimos hablando bastante tiempo, hasta que ella tuvo que torcer por otro sitio, casi sin sentirlo habíamos quedado para ir esa misma tarde juntos a comprar unos libros de textos que todavía nos faltaban.
Quedamos en que ella me recogería en la avenida, cuando llegué ya estaba esperando.
- ¿Llevas mucho tiempo aquí?- Le pregunté.
- No, que va, acabo de llegar. Bueno ¿nos vamos? Odio el ruido del tráfico y por aquí parece que lo oigo en estéreo.
- Sí, es bastante molesto. ¿Qué autobús cogemos?
- Ninguno- dijo decididamente- bueno, si a ti no te importa ir andando.
- No, me da igual.
- Es que en el autobús no se puede conversar bien, además hace un día espléndido.
- Pero, si va a llover.- Dije perplejo.
- Por eso.