sábado 12 de julio de 2008

Sin memoria III

Ya era demasiado tarde, quería descansar, sus piernas empezaban a fallarle y su estómago no dejaba de gruñir por el hambre. Había empezado a llover lentamente, como un suspiro; mientras las gotas le mojaban el pelo y la cara pensó en su vida, algo que había dejado de tener valor para ella, sólo ahora con la lluvia se sentía viva. No había estado muerta sino vacía. La lluvia la llenaba, le traía recuerdos agradables, tardes tranquilas tras una ventana, largos paseos. Respiró profundamente el aroma de la lluvia y formó parte de ella. A la mañana siguiente se despertó entumecida, era la primera vez que dormía en un banco y además toda la noche había estado lloviendo, aunque eso era lo último que le preocupaba. Se dirigió hacia la comisaría, al pasar frente a un escaparate quedó horrorizada por la imagen que vio, estaba realmente desastrada. No se le ocurría ningún sitio donde podría arreglarse, de todas formas ¿qué importaba si dentro de unos momentos estaría en una celda como sospechosa de un asesinato?

Tranquilamente entró en la comisaría, en la recepción le dijo a un policía que atendía en esos momentos el teléfono que había presenciado un asesinato pero no se acordaba muy bien.

- Vale, vale ¿por qué no viene mañana?- Le contestó despreocupadamente.

- Pero… - Se había quedado aturdida.- ¿No comprende que he podido ser yo quien lo haya matado? ¡No puedo seguir así!

- Tranquilícese, no se ponga nerviosa, ahora mismo la atiendo.

Su respiración estaba agitada y el corazón parecía salírsele del pecho. Todo estaba hecho. Al momento llegó una pareja de policías.

- Por favor, acompáñenos.

La cogieron por los brazos y fue con ellos resignada. Cuál no sería su sorpresa cuando de un empujón se encontró de nuevo en la calle. El agua se había salido del vaso, había sido el colmo, ni la propia policía la tomaba en serio. Tomó un taxi sin tener una idea fija de qué debía hacer ahora. Aun sin dinero montó en él y le dijo que diera unas vueltas por la ciudad, que quería verla. A lo mejor ya era el día de Navidad, no sabía nada de su familia, solía pasar ese día con todos en reunión.

- ¿Qué día es hoy?- Le preguntó al taxista.

- 12 de febrero.- Respondió secamente.

- ¿Me toma el pelo?, pero si ayer era 23.

- Quien me toma el pelo es usted. ¿Es que me ha visto cara de lelo? Le digo que estamos a 12 de febrero de 1993.